terça-feira, 26 de junho de 2012

À ATENÇÃO DO ADORÁVEL ANTÓNIO BORGES

La crisis no solo ha llevado desempleo a Portugal, también ha llevado sueldos cada vez más bajos. Según los últimos datos de la Seguridad Social, actualmente 605.000 portugueses ganan el salario mínimo nacional, valorado en 485 euros que se convierten en poco más de 430 euros netos en la práctica, una vez descontados los impuestos.
Con este dinero tiene que sobrevivir Laura Carvalho, una mujer de 52 años que desde hace 12 trabaja limpiando en una empresa de Lisboa. Con este dinero "es imposible llegar a fin de mes", por lo que además de las ocho horas diarias, Laura trabaja otras tres limpiando en otra empresa, y dice que "ni aún así lo consigue". Está separada y vive con el más pequeño de sus 5 hijos, que todavía está estudiando.
Nació en la república africana de Santo Tomé y Príncipe, en el Golfo de Guinea, y mirando al estado de la economía portuguesa, Laura no sólo se arrepiente de haber venido, sino que además le aconseja a su hijo que se vaya abuscarse el futuro fuera de Portugal. La última vez que ella consiguió ir de vacaciones a su país natal fue hace tres años, y aunque dice que "la esperanza es lo último que se pierde", ahora que ya no consigue ahorrar nada se pregunta si algún día podrá volver a su país.
"Aquí los políticos no hacen más que humillar cada vez más a los portugueses", se queja resignada Laura, que considera que con lo que gana le da la sensación de que apenas "sobrevive como las hormigas bajo tierra". Vive en una casa de protección oficial pero aún así le cuesta desembolsar los 250 euros mensuales del alquiler. A primeros de mes aprovecha para ir al supermercado después de pagar todas las facturas de la casa, pero dice que a partir de la segunda o tercera semana ya no tiene "ni para yogures".
Actualmente, el 10,9% de la población activa portuguesa vive más o menos en la misma situación que Laura, una cifra que se ha disparado durante los últimos años, ya que hace cuatro años sólo el 6% de la población activa ganaba el salario mínimo. Las mujeres son las que se llevan la peor parte, sobre todo en sectores como la limpieza y la hostelería.
«Y mientras algunos políticos, dentro y fuera de Portugal, insisten en que hay que bajar los sueldos para hacer la economía más competitiva, Paulo Lorenço, vigilante de seguridad en una farmacéutica, se pasa el día "con la calculadora en la mano" para poder llegar a fin de mes. A sus 47 años, está casado y tiene dos hijos, y explica que sus 700 euros netos apenas dan para pagar la letra de la casa y las facturas.
El sueldo de su mujer es para pagar el resto de las cosas. "No podemos hacer excursiones ni demasiados extras, compramos lo esencial, por las noches sólo cenamos pan y sopa, y estamos siempre atentos para ver cuál es la gasolinera que tiene los precios más bajos", explica. En esta línea del ahorro y la austeridad educa a sus hijos, en especial al mayor, de 20 años, que estudia y ya trabaja para "aprender el valor del dinero". Y aunque en su empresa cada vez se trabaja menos horas –porque los clientes también están recortando gastos-, de momento Paulo da gracias por tener al menos un empleo.
Según el Instituto Nacional de Estadística, el poder de compra de los portugueses es un 23% inferior a la media europea y esto se debe, sobre todo, a los sueldos bajos, una situación de la que no escapan los jóvenes, que son, por otro lado, los más afectados por el desempleo, con una tasa superior al 36%. Y cuando los jóvenes portugueses tienen la suerte de acceder a un puesto de trabajo, tienen que conformarse, en la mayoría de los casos, con el sueldo mínimo nacional.
Es más o menos lo que le pasa a Joana Garnecho, de 24 años, auxiliar de educación en una guardería a las afueras de Lisboa desde hace 2 años. Gana 445 euros netos al mes por lo que es para ella "impensable" emanciparse de la casa de sus padres e irse a vivir con su novio, que gana poco un poco más. De momento, Joana ha optado por comprarse un coche para poder ir a trabajar y estudiar Educación Infantil y Primaria para "intentar ganar un poco más en el futuro", aunque lo dice poco convencida.
Sumando todos sus gastos –los de la facultad y la letra del coche- le quedan tan solo unos 100 euros para pasar el mes. "Ahora voy menos al cine o a cenar fuera y las vacaciones son o unos días de camping o a casa de familiares, y aun así ya gastamos mucho en peajes y gasolina", explica Joana, que se pregunta si las cosas van a cambiar en Portugal o si "van a ir cada vez a peor". (El Mundo

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